La mejor explicación sobre el LIBRO

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La mejor forma de contrarestar lo antiguo con lo moderno. Excelente explicación sobre lo que es un LIBRO !!!!!!!!!!!!

 

 

Un cuento o una futura realidad.

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Limpiando el disco rígido y aprovechando una tarde lluviosa, nublada, relajado al máximo, encontré  este cuento.  Luego de leerlo me dí cuenta que en algún instante, tiempo atrás lo había escrito.

En una época solía escribir y alguno que otro ha salido de mi pluma o del teclado, me pareció que al ser inédito debía  compartirlo especialmente porque muchas veces vivimos situaciones similares en nuestras comunidades y no sería agradable que en ninguna de ellas sucediera algo similar.

“Cacatúa largó su estridente llamado matinal. Como todos los días del año. Vió que de los nidales no salía ninguna de sus consortes. Volvió a cantar con todas sus fuerzas y vió satisfecho como salían corriendo hacia los comederos junto a sus pollitos.

Fue tal el alboroto que Pascual, quién dormía plácidamente junto a su mujer Micaela, se despertó algo sobresaltado.

Hacía poco se había retirado de la actividad de trabajador ferroviario y pese a estar acostumbrado a esas tempranas horas, venía mentalizándose a despertarse cuando quisiera, sin embargo, fue tal el alboroto que no tuvo mas remedio que levantarse.

Se dirigió al baño, se duchó y fué a la cocina. Puso la pava a calentar el agua para el mate y mientras jugueteaba con la calabaza ahuecada, regalo de su nieto Juan, mezclando la yerba en él contenida, abrió la puerta y se dirigió a contemplar desde la galería a Cacatúa, el Rey del Gallinero quien aún seguía desde lo alto del alambrado alentando a su séquito a alimentarse.

El sonido de los pájaros que se despertaban saliendo de sus nidos en los pinos que él mismo había plantado cuando se mudaron de la Ciudad, hacía ya largos años, más los pájaros marítimos, como su mujer los llamaba, que salían del Bosque costero y se dirigían tierra adentro para aprovechar el revoltijo de tierra que los agricultores con sus arados producían para prepararla y sembrarla con cereales, apenas si le permitió entreveer el sonido de la bomba de agua que se había puesto en marcha.

–          Micaela se está duchando. Veré el agua y la esperaré aquí para planificar el día- murmuró para sí mismo y levantándose entró a la cocina, llegando justo a tiempo para retirar la pava del fuego y preparar el primero de los mates.

Los primeros siempre son los mas difíciles pero lo hacía con mucho gusto y satisfacción porque después de tanto tiempo de prepararlos para sus compañeros o para algún que otro pasajero en sus días de ferroviario, ahora lo estaba haciendo para su compañera.

Ahí se acordó que a ella le gustaba con unas hojitas de cedrón, las buscó en el estante pero el frasco estaba vacío. Así que tomó la pava, el mate, la yerbera, la azucarera y fue a la galería. Dejó las cosas sobre la mesita y caminó cuatro pasos a la izquierda donde estaba la planta de cedrón y arrancó unas pocas hojas.

Cuando volvía, Micaela ya estaba llegando a la galería y se sentaba diciéndole con una sonrisita maliciosa:

–          Otra vez te olvidaste de juntarlas y ponerlas a secar ……… , no importa lo importante es estar juntos y disfrutar de esta música celestial que nos une cada momento que la oímos –

Un beso en la frente fue todo el comentario de Pascual, quien se sentó a su lado y comenzó a preparar el mate.

Era tal los sonidos que se escuchaban, la vida que resplandecía a su alrededor que estuvieron mateando largo rato sin decir palabra. Solo escuchando no solo con sus mentes sino con sus espíritus.

Era tal la paz que Pascual se sobresaltó cuando escuchó la pregunta:

–          Ayer a la tarde fuiste a pescar con Mauricio, espero que hoy me acompañes a buscar hongos al Bosque, así los secamos para Juan que tanto le gustan. Me acompañarás ? –

Pensó para sí antes de responder de cómo no iba a ir si para Juan él siempre estaba a su disposición, a lo que girando la cabeza y mirándola fijamente le expresó que sí:  una vez que terminaran con los mates y aprovechando la humedad ambiente era mejor salir temprano para encontrarlos recién salidos, fresquitos. Y antes que pasaran otros, que también los recolectaban porque como descendiente de italianos llevaban en la sangre ese afán de lo natural, lo agreste, lo sano y rico.

Caminando salieron de la casa, unas pocas cuadras hasta que se internaron en el Bosque, pocos metros mas allá, iniciaron la cosecha. Seleccionaron los recién salidos, bien frescos, de pequeño y mediano diámetro, bien resplandecientes y aunque algunos ya habian sido picados por caracoles  fueron dejados los mas grandes por estar demasiado húmedos y demorarían mucho más tiempo en secarse. Sin querer llegaron al borde del Bosque y se les abrió el panorama que todo ser humano contempla al avizorar el Océano con su tremenda y agresiva majestuosidad.

Quedaron estáticos ante semejante espectáculo, máxime al apreciar en su horizonte una tormenta, que sin saberlo ellos se había desplazado durante la noche y ahora se notaba como despedía luces sus relámpagos y las cortinas de lluvia cayendo al mar, allí en lontananza. Con sus matices de colores que iban de los grises, azules, rojos, naranja y un mar alisado, planchado, sin olas que se mecía tan delicadamente que parecía pedir permiso para acariciar con sus olas la arena de la costa, tapando en su paso las pisadas de los pocos jóvenes que habían salido a hacer deporte desde temprano antes de ir a sus trabajos.

Extasiados quedaron abrazados, con las bolsas con los hongos en el suelo a sus pies, durante mucho tiempo. Hasta que despertaron de ese letargo encantador al sentir el crujido de las copas de los árboles ante la llegada del viento.

Decidieron retornar y como seguía el rechinar,  se pararon a mirar el entorno y apreciaron como desde hacía varios años no cuidaban al Bosque.

Siempre con eternas discusiones entre los que solapadamente quieren arrasar con la foresta y convertirla en un excelente negocio inmobiliario para unos pocos porque total ellos embolsan hoy el dinero y en el futuro el problema no va a ser mas de ellos porque ya no estarán, así que será algo que tendrán otros solucionarlo y aquellos que tienen buenas intenciones de mantenerlo, pero no se deciden en el QUE HACER.

Piden estudios a las universidades para que les sugieran ideas para corregir los problemas de hoy con vistas a que en el futuro los descendientes puedan aprovechar en toda su magnitud las bondades que este Bosque tiene. Porque mas que nada contiene los vientos, la arena voladora, el salitre que acompaña a los vientos en su viaje al interior y que a través de los años deteriora absoluta y totalmente toda una comunidad.

Pascual se despertó de todo este pensamiento profundo, cuando escucho a Micaela decirle:

–          Si seremos complicados los seres humanos y todos quienes tienen injerencia en este Bosque, si hace 20 años hubieran ido talando los árboles en mal estado de conservación y replantando con plantines nuevos producidos en el mismo Vivero Municipal, hoy no veríamos este desastre ecológico, no te parece ?

– Es cierto y sabes qué,  lo venimos conversando desde siempre. Es un efecto dominó, donde se caen dos o tres por efecto del viento, alguna tormenta o algo imprevisto, con el paso del tiempo van derrumbándose solitos los demás y fijáte, se forman claros en distintas partes: es como la sarna, cuando empieza es difícil que pare sola.  Si la atendés la solucionás, le respondió inteligentemente Pascual.

–          No sé, dijo Micaela, mirá que los conocemos a casi todos, son buenas personas, hemos pasado buenos momentos en algunas fiestas, reuniones donde nos encontramos y confraternizamos bien sin embargo cuando están en funciones y aunque ya no estén pero desde el llano salen a opinar es como que les falta algo, un tornillo, no sé, realmente me abruma pensar como están arruinando sin quererlo a las generaciones futuras porque ahí también estarán sus hijos, sus nietos….. Realmente me apena ver esto…..

–          Vayámonos, estabamos pasando un hermoso momento así que no nos castiguemos por la falta de insensibilidad de todos ellos ………. Vamos … Vamos …..

Recogiendo sus bolsos, tomados de la mano desandaron el camino hacia su casa 600/700 metros mas allá.

Diez años después, Juan estaciona su auto frente a la casa de su abuelo. Bajan de él, su madre y su padre con quienes se dirige a abrir la puerta con el juego de llaves que su abuelo Pascual le entregó dos días atrás en la sala de terapia media del Hospital sabiendo íntimamente que no le quedaban muchas horas y en presencia de su hijo al que le pidió permiso para que esa casita, a apenas unas cuadras del Bosque, la cuidara y siguiera sentándose en la mecedora de la galería tomando mate con cedrón como le gustaba a la abuela Micaela y que por joven que era le correspondía, para mantener un poquito la naturaleza y su medio, sabiendo que no sería factible porque mas de la mitad del Bosque ya había desaparecido.

Por un lado depredado por las  necesidades de los pobladores que requerían madera urgentemente para llevarles calor a sus hijos ante el avance de los tornados y el cambio climático que la pérdida del Bosque había provocado en la comunidad tierra adentro al no tener esa muralla, donde los edificios que se habían construído en el sector inmobiliario estaban siendo abandonados por la precariedad de habitabilidad al faltarle el sustento de freno a las condiciones meteorológicas imperantes ya desde hacia unos años.

Y sí, quienes habian firmado habilitaciones, permisos, quienes habían obtenido pingues ganancias con el negocio inmobiliario de esas tierras y todos quienes en segundas o terceras líneas habían obtenido algún rédito ya no estaban, y lo peor es que esas enormes ganancias las habían gastado sin dejarles nada ni a sus propios herederos.

Juan atravesó la Sala, pasó a la Cocina y salió a la galería. Vió la mecedora, se sentó en ella y se puso a llorar.  Su impotencia era mayúscula, tanto él como sus amigos y compañeros eran jóvenes, con ganas de trabajar, de esforzarse de salir adelante pero el desastre era tan tremendo que no había salida.

Todo se había convertido en un páramo, dos a lo sumo tres años más y las dunas terminarían invadiendo todo, recuperando ellas la tierra que les fue arrebatada por seres humanos inhumanos en procura solamente de dinero y de un poder que es efímero”.

Día del Amigo. Hoy 20 de Julio en Argentina

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Día del amigo.

Un simple ensayo en homenaje a este día que en realidad es por los 365.

Me desperté sobresaltado al sentir el sonido del timbre del departamento. Sin embargo no perdí la calma pese a estar aún dormido. Encendí el velador y lo primero que hice fue mirar la hora. Las tres de la mañana. No entendía nada. Hice un repaso fugaz y simultáneamente quedé quieto en plena escucha, casi diría que hasta el aliento desapareció en aras de saber lo que sucedía. Siempre pensé y anhelé que en el Día del Amigo todos quienes me querían, me llamarían o vendrían a visitarme. Pero no, no había sonido alguno que me indicara que realmente el timbre había sonado presionado por alguien. No se sentía soplar al viento, no había sonido alguno que me indicara que algún factor climático estaba evolucionando en el sentido de apreciar un sonido como el timbre del departamento. Estoy soñando. He soñado algo que motivó creer que el timbre había sonado ? Ya me había desvelado. Volví a mirar hacia el reloj y eran ….. las tres y un minuto …. Todo eso me había sucedido en tan poco tiempo ?

Me levanté harto de andar cavilando cosas sin sentido. No hacía frío. Fui al baño. No hice nada. Me miré al espejo y medio me asusté. Despeinado, con los párpados bajos, BIEN DORMIDO. Ya que estaba levantado me dirigí a la cocina. Encendí el fluorescente. Alguna delikatessen habría quedado de la cena en lo de Paco, anoche. Delikatessen que había traído en un paquetito que me dió gentilmente Lucía, su pareja. Si, ahí estaba. Sin abrir. Sin tocar. Me pareció que me estaba llamando. Que me estaba esperando. No habrá sido ella quien hizo sonar el timbre a semejante hora de la madrugada ? Me acerqué con cuidado a la mesa y en el momento de pretender desatar el nudo gordiano que primorosamente había hecho Lucía pensé: debería acompañarlo con algo fuerte !

Un café negro, bien negro. Eso tomaría, sí. Me dirigí a la cocina y noté que la cafetera tenía suficiente líquido para una taza, así que la puse al fuego. Abrí el cajón de la mesada y saqué un cuchillo para cortar el hilo del paquete. Corté el hilo. Dejé el cuchillo otra vez en el cajón que había dejado abierto y lo cerré. Busqué una taza, el edulcorante y volví a abrir el cajón para sacar una cucharita. Cerré el cajón y llevé todo a la mesa. La cafetera vibraba. Como siempre. Como siempre se me pasa y sale esa espumita amarronada entre el aluminio de la cafetera y el líquido café negro. No importa, a esa hora ya no importaba mucho. Me serví en el pocillo, previo haberle puesto una cucharita de edulcorante. Me pareció mucho y poco a la vez. Ante la incertidumbre de lo que había puesto, no pensé más y me abalanzé sobre el paquete. Furiosamente lo abrí, rompiendo y ajando el papel, y no paré hasta que descubrí la bandeja de cartón. Ahí estaban, primorosamente ordenados, los pastelitos con dulce de leche. En realidad y pese a no estar muy del todo despierto, noté que de dulce de leche poco y nada y … con lo que me gustaba ……

Coloqué en un platito que estaba solitario sobre la mesa, limpio, listo para guardar, dos o tres pastelitos con una mano y tomé el pocillo con el café con la otra y me dirigí al cuarto. Presentía que en la cama, ingiriendo esos alimentos, podría dilucidar qué había sucedido. Me fijé en el reloj despertador que conservaba de mis padres. Regalo de algún cumpleaños pasado. Eran las tres y diez. No podía aguantar más. Era tal la ansiedad por los pastelitos, la delikatessen como solíamos llamarlos entre los amigos, que me propuse ingerirlos todos juntos, es decir, uno tras otro, previo a eso un sorbo de café y manos a la obra. La mente totalmente en blanco. Sólo haciendo caso a lo que veía: los pastelitos y mis manos que se dirigían con ellos hacia la boca.

Justo en ese instante, sonó el timbre del departamento. Quedé petrificado. Mi mente no alcanzaba a saber si era un sueño, era real, era el viento que había empezado a soplar un par de minutos antes, o era mi mente jugándome una mala pasada. Otra más. Tan inmóvil quedé que me atoré con los pastelitos. Mi boca, mi garganta, mi esófago, todo, todo estaba cubierto por una masa de harina, grasa, saliva, café que ya casi no me dejaba respirar.

Fue en ese momento que, apenas audiblemente, escuché unos gritos que detrás de la puerta del departamento llegaban hasta mí. Eran las voces de mis amigos, gritaban llamándome. Pero eso no era todo. Me llamaban cantando. Sí, cantando. Cantando la canción del buen amigo. Del compañero que siempre había estado junto a ellos, en las buenas y en las malas. Ese mismo. Me atraganté ya del todo. No sentía que el aire insuflara mis pulmones. No sentía nada. La cabeza me daba vueltas. Ví unas luces, unos destellos, parecían fuegos artificiales. Me desmayé.

Sonó el despertador. Sentí un sudor pegajoso que me corría por todo mi cuerpo. Tenía dolor de cabeza. Me dolía el cuello, mala posición ? o ésta maldita almohada que debía haber tirado hace tiempo pero no lo hice ? No había abierto los ojos cuando volví a sentir el timbre del teléfono. O era el timbre del departamento o era el despertador. Abrí los ojos de golpe. Demasiadas cosas se me agolpaban. Todas juntas. Demasiadas. Me incorporé. Encendí el velador. Me fijé en el reloj despertador y ví que eran las ocho de la mañana. Aún sonaba el teléfono. Estiré el brazo y descolgué el auricular. No llegué a decir nada. No llegué a expresar sonido alguno. Una dulce canción llegaba hasta mis oídos. Llenó mi espíritu y me colmó de gozo. Era la canción del amigo y entre sus corcheas y fusas, alcancé a percibir las voces de mis amigos, de Paco y de Lucía. Me deseaban Feliz Día del Amigo.

Las palabras se me agolpaban en mi mente para responderles, para agradecerles el haberse acordado, para contarles tantas cosas que sentía en ese momento. Sentí un click y no hubo sonido alguno. Separé el auricular de la oreja y quedé mirándolo perturbado, alegre y azorado a la vez. Asombrado también. Ahí recapacité en un brevísimo segundo que lo que había hecho, ingerido, atragantado, sólo había sido un sueño. Un sueño con un final muy pero muy feliz casi una experiencia religiosa. Me introduje entre las sábanas y mirando el techo amarillento, con una sonrisa, me quedé completamente dormido. Feliz.

(Todos los derechos reservados por el autor).

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