Un cuento o una futura realidad.

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Limpiando el disco rígido y aprovechando una tarde lluviosa, nublada, relajado al máximo, encontré  este cuento.  Luego de leerlo me dí cuenta que en algún instante, tiempo atrás lo había escrito.

En una época solía escribir y alguno que otro ha salido de mi pluma o del teclado, me pareció que al ser inédito debía  compartirlo especialmente porque muchas veces vivimos situaciones similares en nuestras comunidades y no sería agradable que en ninguna de ellas sucediera algo similar.

“Cacatúa largó su estridente llamado matinal. Como todos los días del año. Vió que de los nidales no salía ninguna de sus consortes. Volvió a cantar con todas sus fuerzas y vió satisfecho como salían corriendo hacia los comederos junto a sus pollitos.

Fue tal el alboroto que Pascual, quién dormía plácidamente junto a su mujer Micaela, se despertó algo sobresaltado.

Hacía poco se había retirado de la actividad de trabajador ferroviario y pese a estar acostumbrado a esas tempranas horas, venía mentalizándose a despertarse cuando quisiera, sin embargo, fue tal el alboroto que no tuvo mas remedio que levantarse.

Se dirigió al baño, se duchó y fué a la cocina. Puso la pava a calentar el agua para el mate y mientras jugueteaba con la calabaza ahuecada, regalo de su nieto Juan, mezclando la yerba en él contenida, abrió la puerta y se dirigió a contemplar desde la galería a Cacatúa, el Rey del Gallinero quien aún seguía desde lo alto del alambrado alentando a su séquito a alimentarse.

El sonido de los pájaros que se despertaban saliendo de sus nidos en los pinos que él mismo había plantado cuando se mudaron de la Ciudad, hacía ya largos años, más los pájaros marítimos, como su mujer los llamaba, que salían del Bosque costero y se dirigían tierra adentro para aprovechar el revoltijo de tierra que los agricultores con sus arados producían para prepararla y sembrarla con cereales, apenas si le permitió entreveer el sonido de la bomba de agua que se había puesto en marcha.

–          Micaela se está duchando. Veré el agua y la esperaré aquí para planificar el día- murmuró para sí mismo y levantándose entró a la cocina, llegando justo a tiempo para retirar la pava del fuego y preparar el primero de los mates.

Los primeros siempre son los mas difíciles pero lo hacía con mucho gusto y satisfacción porque después de tanto tiempo de prepararlos para sus compañeros o para algún que otro pasajero en sus días de ferroviario, ahora lo estaba haciendo para su compañera.

Ahí se acordó que a ella le gustaba con unas hojitas de cedrón, las buscó en el estante pero el frasco estaba vacío. Así que tomó la pava, el mate, la yerbera, la azucarera y fue a la galería. Dejó las cosas sobre la mesita y caminó cuatro pasos a la izquierda donde estaba la planta de cedrón y arrancó unas pocas hojas.

Cuando volvía, Micaela ya estaba llegando a la galería y se sentaba diciéndole con una sonrisita maliciosa:

–          Otra vez te olvidaste de juntarlas y ponerlas a secar ……… , no importa lo importante es estar juntos y disfrutar de esta música celestial que nos une cada momento que la oímos –

Un beso en la frente fue todo el comentario de Pascual, quien se sentó a su lado y comenzó a preparar el mate.

Era tal los sonidos que se escuchaban, la vida que resplandecía a su alrededor que estuvieron mateando largo rato sin decir palabra. Solo escuchando no solo con sus mentes sino con sus espíritus.

Era tal la paz que Pascual se sobresaltó cuando escuchó la pregunta:

–          Ayer a la tarde fuiste a pescar con Mauricio, espero que hoy me acompañes a buscar hongos al Bosque, así los secamos para Juan que tanto le gustan. Me acompañarás ? –

Pensó para sí antes de responder de cómo no iba a ir si para Juan él siempre estaba a su disposición, a lo que girando la cabeza y mirándola fijamente le expresó que sí:  una vez que terminaran con los mates y aprovechando la humedad ambiente era mejor salir temprano para encontrarlos recién salidos, fresquitos. Y antes que pasaran otros, que también los recolectaban porque como descendiente de italianos llevaban en la sangre ese afán de lo natural, lo agreste, lo sano y rico.

Caminando salieron de la casa, unas pocas cuadras hasta que se internaron en el Bosque, pocos metros mas allá, iniciaron la cosecha. Seleccionaron los recién salidos, bien frescos, de pequeño y mediano diámetro, bien resplandecientes y aunque algunos ya habian sido picados por caracoles  fueron dejados los mas grandes por estar demasiado húmedos y demorarían mucho más tiempo en secarse. Sin querer llegaron al borde del Bosque y se les abrió el panorama que todo ser humano contempla al avizorar el Océano con su tremenda y agresiva majestuosidad.

Quedaron estáticos ante semejante espectáculo, máxime al apreciar en su horizonte una tormenta, que sin saberlo ellos se había desplazado durante la noche y ahora se notaba como despedía luces sus relámpagos y las cortinas de lluvia cayendo al mar, allí en lontananza. Con sus matices de colores que iban de los grises, azules, rojos, naranja y un mar alisado, planchado, sin olas que se mecía tan delicadamente que parecía pedir permiso para acariciar con sus olas la arena de la costa, tapando en su paso las pisadas de los pocos jóvenes que habían salido a hacer deporte desde temprano antes de ir a sus trabajos.

Extasiados quedaron abrazados, con las bolsas con los hongos en el suelo a sus pies, durante mucho tiempo. Hasta que despertaron de ese letargo encantador al sentir el crujido de las copas de los árboles ante la llegada del viento.

Decidieron retornar y como seguía el rechinar,  se pararon a mirar el entorno y apreciaron como desde hacía varios años no cuidaban al Bosque.

Siempre con eternas discusiones entre los que solapadamente quieren arrasar con la foresta y convertirla en un excelente negocio inmobiliario para unos pocos porque total ellos embolsan hoy el dinero y en el futuro el problema no va a ser mas de ellos porque ya no estarán, así que será algo que tendrán otros solucionarlo y aquellos que tienen buenas intenciones de mantenerlo, pero no se deciden en el QUE HACER.

Piden estudios a las universidades para que les sugieran ideas para corregir los problemas de hoy con vistas a que en el futuro los descendientes puedan aprovechar en toda su magnitud las bondades que este Bosque tiene. Porque mas que nada contiene los vientos, la arena voladora, el salitre que acompaña a los vientos en su viaje al interior y que a través de los años deteriora absoluta y totalmente toda una comunidad.

Pascual se despertó de todo este pensamiento profundo, cuando escucho a Micaela decirle:

–          Si seremos complicados los seres humanos y todos quienes tienen injerencia en este Bosque, si hace 20 años hubieran ido talando los árboles en mal estado de conservación y replantando con plantines nuevos producidos en el mismo Vivero Municipal, hoy no veríamos este desastre ecológico, no te parece ?

– Es cierto y sabes qué,  lo venimos conversando desde siempre. Es un efecto dominó, donde se caen dos o tres por efecto del viento, alguna tormenta o algo imprevisto, con el paso del tiempo van derrumbándose solitos los demás y fijáte, se forman claros en distintas partes: es como la sarna, cuando empieza es difícil que pare sola.  Si la atendés la solucionás, le respondió inteligentemente Pascual.

–          No sé, dijo Micaela, mirá que los conocemos a casi todos, son buenas personas, hemos pasado buenos momentos en algunas fiestas, reuniones donde nos encontramos y confraternizamos bien sin embargo cuando están en funciones y aunque ya no estén pero desde el llano salen a opinar es como que les falta algo, un tornillo, no sé, realmente me abruma pensar como están arruinando sin quererlo a las generaciones futuras porque ahí también estarán sus hijos, sus nietos….. Realmente me apena ver esto…..

–          Vayámonos, estabamos pasando un hermoso momento así que no nos castiguemos por la falta de insensibilidad de todos ellos ………. Vamos … Vamos …..

Recogiendo sus bolsos, tomados de la mano desandaron el camino hacia su casa 600/700 metros mas allá.

Diez años después, Juan estaciona su auto frente a la casa de su abuelo. Bajan de él, su madre y su padre con quienes se dirige a abrir la puerta con el juego de llaves que su abuelo Pascual le entregó dos días atrás en la sala de terapia media del Hospital sabiendo íntimamente que no le quedaban muchas horas y en presencia de su hijo al que le pidió permiso para que esa casita, a apenas unas cuadras del Bosque, la cuidara y siguiera sentándose en la mecedora de la galería tomando mate con cedrón como le gustaba a la abuela Micaela y que por joven que era le correspondía, para mantener un poquito la naturaleza y su medio, sabiendo que no sería factible porque mas de la mitad del Bosque ya había desaparecido.

Por un lado depredado por las  necesidades de los pobladores que requerían madera urgentemente para llevarles calor a sus hijos ante el avance de los tornados y el cambio climático que la pérdida del Bosque había provocado en la comunidad tierra adentro al no tener esa muralla, donde los edificios que se habían construído en el sector inmobiliario estaban siendo abandonados por la precariedad de habitabilidad al faltarle el sustento de freno a las condiciones meteorológicas imperantes ya desde hacia unos años.

Y sí, quienes habian firmado habilitaciones, permisos, quienes habían obtenido pingues ganancias con el negocio inmobiliario de esas tierras y todos quienes en segundas o terceras líneas habían obtenido algún rédito ya no estaban, y lo peor es que esas enormes ganancias las habían gastado sin dejarles nada ni a sus propios herederos.

Juan atravesó la Sala, pasó a la Cocina y salió a la galería. Vió la mecedora, se sentó en ella y se puso a llorar.  Su impotencia era mayúscula, tanto él como sus amigos y compañeros eran jóvenes, con ganas de trabajar, de esforzarse de salir adelante pero el desastre era tan tremendo que no había salida.

Todo se había convertido en un páramo, dos a lo sumo tres años más y las dunas terminarían invadiendo todo, recuperando ellas la tierra que les fue arrebatada por seres humanos inhumanos en procura solamente de dinero y de un poder que es efímero”.

One Response to “Un cuento o una futura realidad.”

  1. problemas Says:

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