Los integrantes de la odisea del Descubrimiento, encabezada por Cristóbal
Colón, llevaron consigo pies y sarmientos, y mucho vino en sus damajuanas. La idea era utilizar la bebida para hidratarse y para celebrar la Eucaristía aparte de su implementación.
Es así que los primeros pobladores de La Española, la colonia fundada por Colón en América, consumían vino de Ribadavia. En el Concello ourensano de Leiro, exactamente en el monasterio de San Clodio, fue el lugar en el que se plantó la primera cepa de la Denominación de Origen Ribeiro.
Así fue que en un documento del Archivo Nacional de Simancas (encontrado
en el 2006 por Luis Congil), el de la transcripción del juicio de Bobadilla a Cristóbal Colón, a folios XVIII y XIX, se notifica la existencia de un cura gallego que llevó en unos recipientes vino de ribeiro a La Española y que estos vinos no solo fueron motivo de disputa entre el clérigo y el almirante, sino que provocaron incluso su incautación.
En la Edad Media se conocía al vino de ribeiro, recogido ya en la Cantiga 20 por Alfonso X el Sabio; por Miguel de Cervantes al poner en boca del licenciado Vidriera halagos al vino de Ribadavia al encontrarlo en una taberna genovesa, o el obispo de Ourense, Muñoz de la Cueva.
La Denominación de Origen Ribeiro halla su zona de producción en los
ayuntamientos de Ribadavia, Arnoia, Cortegada, Carballeda de Avia, Castrelo de Miño, Cenlle, Beade, Leiro y Punxín, además de otras parroquias de los municipios de Toén, Ourense, Boborás, Carballiño y San Amaro, pueblos todos ubicados al Este de la provincia de Ourense. El viñedo se extiende por los valles y laderas de los ríos Miño, Avia, Arnoia y Barbantiño, ocupando una superficie, según los registros de su Consejo Regulador, de 2.700 hectáreas, ubicándose entre los 75 y los 400 metros de altitud. Los vinos de Ribeiro, blancos y tintos, son jóvenes, suaves, ligeros y moderadamente ácidos, con un grado alcohólico medio y una combinación de aromas afrutados y florales. Se logra el vino blanco a base de variedades autóctonas como Treixadura y Torrontés, además de Godello, Albariño y Loureira, en uva blanca. Mientras que para el Ribeiro tinto se utilizan Sousón, Caiño, Brancellao, Mencía y Ferrón, en uva tinta. A estas variedades se unen otras complementarias como Palomino, Albilla y Macabeo, en blanca, y Tempranillo y Garnacha, en tinta.
El punto de partida, por supuesto, es la planta. Los registros disponibles hablan de que la la vitis vinifera es originaria de la región del Mar Negro y los primeros vinos comenzaron a elaborarse hace siete mil años.
Los primeros sarmientos de Vitis vinifera tuvieron su primer conflicto en la
adaptación al lugar donde recién llegaban. Ya había poderosas viñas locales como la Vitis riparia, Vitis rupestris, Vitis labursca, Vitis Berlandieri, Vitis cordifolia, que no servían para la elaboración del vino y muy capaces de tranmitir parásitos.
La actual provincia de Santiago del Estero en la Argentina fue quien recibió los primeros ejemplares en 1556 y a Mendoza llegó en 1561 donde gracias a las tribus Huarpes, Incas y Puelches con su sistema de riego permitieron un enorme desenvolvimiento de la vitivinicultura, completándose a fines del siglo 19 con la incorporación de otras zonas, donde los Carbernet, Malbec, Chardonnay, Pinot, Semillon, Merlot, entre otros, se desarrollaron a pleno.
Temperaturas adecuadas, largas horas de sol, lluvia escasa, baja humedad relativa, y la ausencia de vientos fuertes, crearon junto a sus suelos excepcionales, un ambiente ecológico para la producción de uvas de máxima calidad.




Comentarios recientes